¿Una Ballena Anfibia O Un Animal Terrestre Nadador?

Raúl Esperante, PhD

Un reciente artículo publicado por Olivier Lambert et al.[1] informa del hallazgo de un nuevo vertebrado fósil en el desierto peruano que ha recibido el nombre de Peregocetus pacificus. El fósil fue descubierto en sedimentos de grano fino del Miembro Yumaque de la Formación Caballas (Eoceno) en la Cuenca Este de Pisco. Desde el comienzo del artículo, los autores describen el fósil como un “cetáceo”, un “cetáceo protocétido”, una “ballena de cuatro extremidades” y “el primer registro indiscutible de ballenas cuadrúpedas del Océano Pacífico y el hemisferio sur”.

Los protocétidos son un grupo diverso de vertebrados tetrápodos antiguos hallados en Europa, Asia, Sudáfrica y América del Norte, con extremidades delanteras y traseras largas que mantenían el cuerpo sobre tierra. Se piensa que también vivieron de manera anfibia, ya que tienen algunos rasgos que sugieren que estaban adaptados a la vida anfibia.

El fósil recientemente hallado consiste en un esqueleto parcial de un protocétido adulto “que preserva las mandíbulas y la mayor parte del esqueleto postcraneal”. El examen del esqueleto de Peregocetus sugiere claramente que se trataba de un animal terrestre con cierta capacidad para nadar en el agua o caminar en áreas de aguas poco profundas. Las vértebras y las extremidades están claramente diseñadas para soportar el peso del cuerpo en tierra. Las vértebras de la cola tienen procesos transversales planos bifurcados, que son similares a los observados en animales terrestres capaces de nadar, como nutrias y castores.

Figura 1. Peregocetus. Fósil descubierto en la Cuenca de Pisco en Perú.

Desde que el hallazgo de este fósil se publicó por primera vez en la literatura científica (ver cita), han aparecido numerosos informes en las revistas populares y en noticias científicas en internet afirmando que éste es la forma intermedia fósil perfecta entre un animal terrestre artiodáctilo del tamaño de un perro grande y las ballenas totalmente acuáticas.[2] En el pasado se han encontrado otros protocétidos fósiles en Pakistán, por lo que este espécimen en Perú es notable porque se interpreta que los animales terrestres se abrieron camino desde Asia hasta la costa oeste de América del Sur y evolucionaron gradualmente a ballenas.

Nuestra experiencia en el estudio de fósiles nos enseña que hemos de ser cautelosos con este tipo de afirmaciones. En primer lugar, el esqueleto fósil encontrado en el Perú es, como dicen los autores, un animal terrestre con capacidad anfibia. Tener rasgos indicativos de vida anfibia no convierte a un fósil en una forma evolutiva intermedia. Se han encontrado varios fósiles de lobos marinos y focas en rocas sobre las capas que contienen el Peregocetus pacificus.[3] Esos animales también son anfibios, y muestran una combinación de rasgos característicos de los animales terrestres y acuáticos al igual que Peregocetus. Sin embargo, tenemos especies modernas de leones marinos y focas que muestran un plan corporal funcional y estable adaptado a un estilo de vida específico en lugar de intermedios en una secuencia evolutiva. Debido a que no tenemos un animal moderno correlativo de Peregocetus, algunos encuentran conveniente colocarlo en una secuencia evolutiva de mamíferos terrestres a acuáticos en lugar de considerar la alternativa del diseño funcional.

Pero ¿qué pasa con la presencia de rasgos que parecen indicar una mezcla de características? Los animales extintos a menudo muestran rasgos en mosaico, que son una combinación de características que generalmente se encuentran en diferentes grupos de animales. El pájaro Archaeopteryx y el anfibio Tiktaalik son dos ejemplos de fósiles de mosaico. El actual pez del fango (un pez anfibio) es también un ejemplo de animal con características en mosaico. En lugar de ver estas formas de mosaico como transicionales, deben evaluarse como representativas de combinaciones específicas de adaptaciones conductuales/fisiológicas. En el caso de las “transiciones” de mar a tierra, la palabra “anfibio” aplicada a los peces de fango y a Peregocetus no debe entenderse como un comportamiento o anatomía en transición evolutiva de un tipo de entorno a otro, sino referida a un estilo de vida diferente y específico que es independiente de la evolución.

Tener la capacidad de nadar no convierte a un animal en una forma de transición de la tierra al agua. Peregocetus era un animal terrestre con la capacidad de aventurarse en el agua. Sin embargo, esta capacidad debe haber sido de algún modo limitada y muy diferente de la inmersión prolongada o el movimiento subacuático complejo. Para esta última, los mamíferos necesitan tener una columna vertebral con vértebras no fusionadas, como las ballenas modernas. Peregocetus carecía de tal característica, mostrando vértebras sacras fusionadas. El artículo indica que las tres primeras vértebras caudales "muestran epífisis anterior y posterior sin nivel, lo que indica que la cola estaba doblada ventralmente detrás del sacro, lo que lleva a una cola no tan horizontal como en los cetáceos totalmente acuáticos".

Las formas de transición de la tierra a un ambiente totalmente acuático requerirían un cambio extremo en el comportamiento, anatomía y fisiología de un animal. Muchos sistemas corporales requerirían una revisión completa con cambios profundos. Los sistemas respiratorio, circulatorio, renal y reproductivo de los animales totalmente acuáticos tendrían que ser muy diferentes de sus supuestos ancestros terrestres. ¿Cómo funcionarían las supuestas formas de transición? ¿Cómo funcionaría un corazón, un riñón o los ojos y oídos en una forma transicional? En una perspectiva de diseño estas adaptaciones son el producto de una inteligencia. Los cambios genéticos necesarios para pasar de un animal totalmente terrestre o incluso anfibio a un animal completamente acuático como las ballenas tendrían que coordinarse a un nivel que desafía toda imaginación estadística.

En una perspectiva creacionista Peregocetus representa un animal extinto, como muchos otros que ocurren en los sedimentos de la Cuenca de Pisco, que tiene una combinación única de rasgos que no se encuentran comúnmente en los fósiles. Su supuesto comportamiento anfibio no debe considerarse transicional en ningún sentido. En las capas de la Cuenca de Pisco hay múltiples especímenes fósiles de animales anfibios (perezosos, leones marinos, focas, cocodrilos) que representan planes corporales estables y estrategias ecológicas bien documentadas. Supongo que si uno asume a priori la teoría de la evolución y la idea de que los cetáceos evolucionaron a partir de animales terrestres, entonces encontrar un fósil como Peregocetus con una combinación de características terrestres y acuáticas se ajusta a las necesidades de la teoría. Pero ¿y si no asumimos la evolución? Entonces, Peregocetus se convierte en lo que era: un animal que vivía en la tierra, derivado de uno de los muchos tipos que Dios creó, que ocasionalmente se aventuraba en el agua para pescar o bañarse, y que, en el caso de nuestro espécimen, fue arrastrado (vivo o muerto) por una corriente de agua y acabó en el lecho marino siendo enterrado en sedimento.

[1] Lambert, O., Bianucci, G., Salas-Gismondi, R., Di Celma, C., Steurbaut, E., Urbina, M., and de Muizon, C., 2019, An Amphibious Whale from the Middle Eocene of Peru Reveals Early South Pacific Dispersal of Quadrupedal Cetaceans: Current Biology (2019), https://doi.org/10.1016/j.cub.2019.02.050.

[2] Ver por ejemplo, Kimberly Hickok, Ancient Four-Legged Whale Swam Across Oceans, Walked Across Continents, LiveScience, livescience.com, accessed 4 April 2019; Michael Le Page, Amazing four-legged fossil shows how walking whales learned to swim, New Scientist, newscientist.com, accessed 4 April 2019.

[3] Muizon, C.d., 1978, Arctocephalus (Hydrarctos) lomasiensis, subgen, nov. et nov. sp., un nouvel Otariidae du Mio-Pliocene de Sacaco, (Perou): Bulletin de L'Institut Francais D'Etudes Andines, Tome XV, Muizon, C.d., 1986, Un nouveau Phocoenidae (Odontoceti, Mammalia) du Miocene superior de la Formation Pisco (Perou): Comptes Rendus Academy Science Paria, v. 303, p. 1509-1512.